jueves, 8 de junio de 2017

EL ORIGEN



Desbordamiento, no, lo siguiente. ¿Qué sería lo siguiente? ¿Inundación, diluvio, torrente? Podría ser cualquiera de esas cosas o, mejor aún, TODAS JUNTAS. 

En apariencia, siempre he sido una persona muy tranquila. A excepción de algún que otro estallido iracundo en mi infancia, y alguno que otro más en mi adolescencia, nunca he acostumbrado a desbordarme. Siempre he mantenido la calma y he superado la indignación y el malestar con otros mecanismos que nada tenían que ver con la rabia. 

Sin embargo, en un momento de mi vida mi indignación fue tal que los mecanismos que me habían servido hasta entonces, dejaron de hacerlo. Me saturé de irritación hasta límites insospechados. ¿Por qué? La respuesta: mis suegros.

Llevo más de diez años con mi pareja, P. Y desde el momento en el que se enteraron de lo nuestro, lo odiaron. ¿La razón? Me consideraban una persona depravada, peligrosa, profundamente inadecuada. Y, por haberme escogido y amarme, mi pareja sufrió un desprecio tremendamente cruel y prolongado en el tiempo. 

Pasamos tres meses de lo que se suele llamar vulgarmente “luna de miel”, ese periodo en el que parece que no existe nada al margen de la otra persona y en el que no entiendes cómo has podido 

vivir hasta ese instante sin su presencia. Fueron, sin duda alguna, los tres meses más felices de mi vida. Sólo existía el amor, un amor tan pleno que rozaba la perfección. Hasta que la felicidad se empañó. A los tres meses P. le contó lo nuestro a sus padres, y comenzó el infierno. 

Ellos no aceptaron nuestra relación en absoluto. Cuando P. les dijo que estaba conmigo, se les cayó el mundo encima; no se esperaban para nada que fuera a salir con una persona como yo. ¿Por qué? Porque yo no respondía a los cánones preestablecidos que ellos asumían como los únicos verdaderos y posibles. De hecho, siempre he distado mucho, muchísimo, de dichos cánones (y a mucha honra). Así que, en vez de asumir la elección que había tomado P. o simplemente no estar de acuerdo con ella, pero tolerarla, decidieron negarse taxativamente a aceptarla y, por si fuera poco, la empezaron a boicotear. 

Lo primero que hicieron fue poner a P. de medio imbécil y, entre insultos y salidas de tono, hicieron que pensara que había perdido la cabeza. Una falta de respeto intolerable que supuso para P. un auténtico schok, pues siempre había mantenido con sus padres una relación excelente y de mutua confianza. Fue descorazonador el hecho de que le sometieran a aquel escarnio, no sólo porque en sí mismo cualquier escarnio es pernicioso, sino porque le pilló totalmente por sorpresa; jamás hubiera esperado que las personas a las que más quería en este mundo, le estuvieran negando su amor dándole precisamente lo contrario: odio puro y duro. No había precedentes. 

El escarnio continuó durante un tiempo para luego convertirse en ninguneo. Pasaron de las muestras de agresividad y de desdén, a las malas caras, los desplantes y el hacer como si P. no existiera. P. no se lo podía creer; de la noche a la mañana se había quedado sin padres y, lo peor de todo, se sentía tan culpable que comenzó a hacer todo lo posible para que las cosas volvieran a estar como antes. Su nivel de sumisión llegó hasta cotas insospechadas, de tal forma que intentaba complacerles en todo lo que podía. Si su padre le decía que estuviera en casa a tal hora para no sé qué mierdas, P. perdía el culo por ser la persona más puntual de la historia. Si su madre le decía que ese día iban a tener comida familiar y le ponía cara de “como no estés, dejas de pertenecer a esta familia”, no existía nada más en el mundo que aquella comida. Y así una ristra de ejemplos innumerables que me niego a relatar porque cansan. MUCHO.

De hecho yo acabé hasta las narices, pues P. estaba empezando a sacrificar su felicidad y, por ende, la de nuestra relación, en favor de sus padres. Tuvimos nuestros más y nuestros menos, debido a que no era nada fácil conciliar nuestro amor, con el hecho de que ellos me odiaban y de que se estaban portando fatal con P. Fueron meses muy complicados; nuestra relación se estaba deteriorando y a mí me causaba un sufrimiento sin precedentes. No entendía cómo era posible que lo mejor que me había pasado nunca, se estuviera convirtiendo en aquel infierno. Y todo por los prejuicios absolutamente infundados de unas personas con una mentalidad rallando en la ignorancia más extrema con la que me haya topado jamás. 

Pero nos sostenía la idea de que la situación no podía durar mucho y teníamos el firme convencimiento de que sus padres entrarían pronto en razón, y que todo volvería a la normalidad. Qué ingenuidad la nuestra. Para nada ocurrió eso. NI MUCHÍSIMO MENOS. Un adelanto: diez años después todavía sigo siendo para ellos una persona non grata y ni les he visto ni hemos hablado jamás. Tócate los huevos… Más datos en próximas entregas que, creedme, no tendrán desperdicio.

24 comentarios:

  1. Hola Des,
    Hasta hoy he sido lectora. Tu post me tocó y llevo tiempo pensando sobre el tema. Es muy difícil gestionar las relaciones familiares y la relación de pareja. Cada familia es un mundo y no me atrevo a opinar de la de nadie.
    Solo decirte que por lo que leo me pareces una mujer interesante y seguramente inteligente, tus suegros entrarán en razón, esperemos que no necesitéis otra década.
    Suerte a ambos.

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    1. ¡Hola Blau! Muchísimas gracias, eres un sol. Yo también espero que no necesitemos otra década... Me parece una actitud muy prudente por tu parte la de no querer opinar de la familia de nadie. Yo cuento mi perspectiva, pero hay muchos matices que no estoy teniendo en cuenta en mi entrada y que también existen. Un fuerte abrazo y muchas gracias por tu comentario.

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    2. A mi me encanta el formato Blog y agradezco mucho cada vez que encuentro uno que me enganche. No sé por que al leerte no he tenido dudas de que eras una mujer. Si me equivoqué, discúlpame y me da igual, me sigues pareciendo interesante y seguramente inteligente ;-) jajaja

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    3. Jajajaja, nada de disculpas. Si ser mujer significa tener pechos y vagina, soy mujer. Si también significa que mi construcción de género coincida con lo femenino, ahí ya no lo tengo tan claro. Más bien persona desgenerada o no binaria. ¿Inteligente? Depende del día, pero te agradezco muchísimo que me digas que te lo he parecido. Ahora, además de un sol, eres un encanto. ¡Besos!

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  2. Es complicada la situación qué cuentas. No sé de qué modo animarte o qué opinar. Sobrellevarlo lo mejor posible, pero sé que es difícil. Hay conflictos con los suegros y con tu pareja por ellos incluso cuando te llevas bien, imagino cómo será si se caen mal.
    Es curioso que te hayan nombrado en el comentario anterior en femenino. No sé si eres mujer u hombre. En un texto, te doy el de mujer y en otro texto, el masculino. Voy alternando a mi capricho y ya por último eras "ambidos", porque no sabía cuál y me bastaba el escrito para ambos sexos (o géneros).
    Un saludo, y paciencia (o indiferencia) con esos suegros.

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    1. ¡Hola Ángeles! Muchas gracias por tus ánimos. Paciencia ya me queda poca y recurro más a la indiferencia para no desbordarme. Hombre, mujer... Me gusta mantener la ambigüedad, porque yo me siento así muchas veces; una persona desgenerada. ¡Un fuerte abrazo!

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  3. Trolling Like Crazy8 de junio de 2017, 15:42

    Lamento tener que decirlo, pero el hecho de que tu pareja P. se plantee el dilema entre tú y sus padres dice muy poco de su carácter. Si se me hubiera planteado a mí tal dilema, mi relación con mis padres hubiera durado segundos.

    Ya sé que parece una intromisión en asuntos ajenos, pero si cuentas cosas personales en un blog público, no debe sorprenderte que los lectores den su opinión.

    Haz tu vida. Seguramente tienes ya edad para ello.

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    1. ¡Hola Trolling! Creo que mi vehemencia me ha jugado de nuevo una mala pasada y me he debido expresar mal, porque más que plantearse ese dilema, lo que hacía P. era intentar recuperar el amor de sus padres. Pero no se planteó explícitamente el elegir entre ellos o yo; de hecho, casi siempre ha tenido la actitud más conciliadora posible, cosa que me parece admirable. Lo que sí es verdad es que a mí me molestaba que intentara complacerles cuando se portaban tan rematadamente mal. Y eso generaba conflicto en nuestra relación.
      No me sorprende que des tu opinión; de hecho te lo agradezco mucho y espero volver a leerte pronto. Un fuerte abrazo y muchas gracias por comentar.

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  4. Tema complicado donde los haya. Lo siento mucho, Desbordamientos. Lo describes tan angustioso como seguramente es. Creo que yo estoy justo en la situación contraria. Ni me quiero imaginar si la intransigencia hubiera sido la que sufre tu pareja. Mucho ánimo y mucha paciencia.

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    1. ¡Muchas gracias, Juli! Me alegro un montón de que tú estés en la situación contraria. Así debería de ser siempre. ¡Un besazo!

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  5. No me atrevo a juzgar. El amor que uno engendra por sus hijos se debe enfrentar a la verdadera prueba de fuego, que es su emancipación sentimental y en este sentido la familia casi siempre es un obstáculo. Supongo que cuando mis hijos crezcan me veré en esta situación. Yo no lo he vivido porque mi mujer se quedó sin madre de niña y lo nuestro es una combinación extraña de amor conyugal y filial.
    En cualquier caso, puede que pasen otros diez años y tus suegros sigan sin aceptarte. Es igual, porque vuestra relación debería estar por encima de todo eso. A pesar de las concesiones que (yo veo en parte lógicas, y perdona, aquí si estoy juzgando) debe hacer tu pareja y que son inevitables. Si en la balanza pesa más el amor, el resto es tolerable.
    Un saludo, amig@.

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    1. ¡Hola Gerardo! Muchísimas gracias por tu comentario. El problema que hay en nuestro caso es que si P. tuviera una pareja distinta, más acorde con el modelo que tienen en la mente sus padres, estos no habrían puesto ninguna pega. De hecho, la anterior pareja de P. contaba con toda la aprobación y el respeto por parte de ellos. Pero bueno, me quedo con tu afirmación de que nuestra relación debe estar por encima de todo esto. Y comparto contigo lo de las concesiones. A pesar de que lo haya transmitido con dolor e indignación, en el fondo sé que son lógicas e inevitables. ¡Un fuerte abrazo!

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  6. Ánimo... No hay más ciego que el que no quiere ver. Entiendo tu rabia e impotencia. Pero si ellos no son capaces de ver 10 años de cariño y de amor verdadero, si no valoran la felicidad de su hija... no merecen tu ira. No están a la altura para merecerla.

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    1. ¡Hola Eva! Muchísimas gracias por tus palabras. Ojalá pudiera seguir tu consejo, pero todavía me cuesta un mundo no desbordarme por su culpa. Sé que debería evitarlo, porque la ira no me trae más que problemas, pero me resulta muy difícil. Supongo que en el fondo me compensa de alguna forma desbordarme y por eso lo sigo haciendo. ¡Un fuerte abrazo y muchas gracias por comentar!

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  7. Qué tema más complicado. No entiendo esos
    odios profundos. Diez años??? me parece una barbaridas. Pero por
    qué?!?

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    1. Esa es la pregunta que me tortura; por qué... Sobre todo se trata de una cuestión de intolerancia y egoísmo profundo. Lo más gordo es que se suponía que sus padres eran personas de mente abierta y súper progres... Hasta que tienes que lidiar con la realidad de tus hijos, entonces se demuestra que no es más que un postureo de mierda. Un besazo, Paola.

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  8. Como ya te han dicho, es una situación muy complicada. Yo, que tengo mucho arraigo familiar, no sé cómo llevaría que mis padres hicieran eso conmigo a causa de una pareja mía. Lo llevaría mal, pero tendría que poner todo en la balanza (soy Libra cien por cien) y elegiría lo que mejor me hiciese sentir a mí, y a mi conciencia al acostarme todas las noches.
    La vida es de uno (y no de sus progenitores ni de sus descendientes); así que hay que hacer lo que a uno le haga sentirse bien sin remordimientos ni quebraderos de cabeza. Contentar a todos es imposible en muchísimos casos o en casi todos.
    ¡Ánimo, D.P.! Gracias por contar tu experiencia, tan personal...
    Un beso

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    1. ¡Hola Chelo! Muchas gracias a ti por tus palabras. Sí, supongo que esa es una de las claves: tener claro que nuestra vida nos pertenece y que nuestro fin último es la felicidad. ¡Un besazo!

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  9. Situación compleja la que planteas DP, cada familia es un mundo y desde fuera siempre resulta difícil entender, lo que sí está claro es que os duele porque a nadie le apetece esta rechazo tan visceral y poco fundamentado, pero allá cada cual con sus odios e inquinas, al final causan más daño al que las siente.
    Si tú crees que tu pareja y tu relación valen la pena sigue ahí con ella y quedándote al margen de lo que puedan decir esas personas.

    Estoy con Chelo, nuestra vida es nuestra y es muy bonita y corta para que vengan personas infelices a decirnos cómo vivirla, paciencia y amor por tu pareja y a los otros ni caso, la indiferencia es la mejor muestra de olvido.
    Saludos

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    1. ¡Hola Conxita! ¡Muchas gracias por tus palabras! Sí, desde luego, tengo el total convencimiento de que mi pareja y nuestra relación valen la pena. De hecho, mi relación con P. es algo tan fundamental en mi vida, que espero que dure hasta que me muera. ¡Un fuerte abrazo!

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  10. Creo q lo q mas me conmueve es q dp de 10 años sigas queriendola hasta el punto de q sea tan fundamental en tu vida...y q pienses q es para toda la vida..No dejeis q ese problema con su familianpueda influir en vueatra relacion..al menos q no pese lo suficiente para q se resienta vueatra vida...os teneis...y os quereis...y si permaneceia unidas..lo demas se puede superar..un abrazo fuerte

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    1. ¡Hola Noor! Te agradezco muchísimo tus palabras. Creo que das en el clavo cuando dices que el problema con los padres de P. no debe pesar lo suficiente como para que se resienta nuestra vida. Ha sido y es un lastre, pero hemos aprendido a manejarlo de la mejor forma posible, aunque el camino ha sido tortuoso (y sigue siéndolo). ¡Muchísimas gracias por comentar y un fuerte abrazo!

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  11. ¿Cómo se maneja eso? ¿Cómo se sobrevive a eso?
    Mucha luz y mucho amor desde aquí, DP. Os deseo alegrías tan grandes que alivien esa carga, que hagan que seguir en el camino (juntos) merezca mucho la pena.
    Un abrazo fuerte,
    P.

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    1. ¡Muchísimas gracias P.! A veces tengo la sensación de que esto se maneja como si hubiera que desactivar una bomba a punto de estallar. Como te equivoques de cable, la cagas pero bien. Pero si no te equivocas, ocurre lo que tú señalas: que el camino merece mucho la pena. ¡Un fuerte abrazo!

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