martes, 11 de julio de 2017

RUPTURA


Destrucciones hubo varias antes de que se produjera la más radical y dramática de todas: la de nuestra relación. 

Yo no estaba bien; todo mi ser se encontraba revuelto, como cuando montas en barco y te mareas irremediablemente y sabes que no puedes hacer nada por dejar de sentirte así. Solo esperar a que el incesante oleaje cese, cosa que únicamente ocurre cuando llegas a tierra. 

Eso era lo que yo necesitaba, llegar a tierra. Pero me encontraba en plena tempestad.

Hacía tiempo que no conseguía mantener cierta estabilidad con P. Me exaltaba a la mínima y casi nunca nada me parecía bien. Después del incidente del transporte al aeropuerto, no podía ni oír hablar de sus padres y cada cosa que hacía P. con ellos me parecía un acto de connivencia y de traición total (aunque en el fondo no lo fuera). Por primera vez en mi vida supe lo que era odiar y me di cuenta de que hasta entonces nunca lo había experimentado. 

La cotidianidad estaba marcada por mi mal humor y mis reproches, que empezaban a ser demasiado frecuentes. Sobre todo cuando mi inseguridad se disparó hasta límites insospechados. Una exigencia fue el detonante de nuestra ruptura. Después de todo el dolor que mis suegros nos habían causado, yo creí que lo más justo es que no tuvieran las llaves de nuestra casa (hacía tiempo que P. se las había dado por si ocurría alguna emergencia). ¿Por qué iban a tenerlas si no querían ni pisarla a pesar de que les habíamos invitado y seguían con sus ninguneos y con su rechazo explícito a nuestra relación? Me parecía que eran las personas menos indicadas para tener las llaves de nuestro hogar. Era como si un torturador tuviera las llaves de sus torturados. En fin, un despropósito. 

El hecho de que P. les pidiera las llaves era para mí una prueba de que la connivencia con ellos se había terminado y de que su compromiso con nuestra relación estaba por encima de cualquier cosa. Lo que ocurrió fue que P. nunca les pidió las llaves, porque quería evitar la situación violenta que podía producirse. Yo la entendía, pero le decía que no tenía por qué hacerse de forma violenta, que simplemente pusiera una excusa y nunca más les devolviera las llaves, así de simple. Pero fue imposible. 

Y yo hice lo peor que podía haber hecho: me lo tomé como un agravio. Cuando, en realidad, no tenía nada que ver conmigo. Presioné demasiado a P. y al no conseguir mi propósito, la inseguridad que sentía se incrementó y se manifestó a través del reproche y de la ira. En resumen, me convertí en una persona insoportable. Como he dicho antes, casi siempre estaba de mal humor, ponía pegas a todo y aprovechaba la mínima para soltar alguna perla. Debía ser una mierda auténtica vivir conmigo. Así que, después de hablarlo largo y tendido, tomamos la decisión conjunta de dejar la relación. Y así lo hicimos. 

Los meses que duró nuestra separación fueron los más tristes de mi vida. Pero, en realidad, fue lo mejor (y lo único) que podíamos hacer. Nos sirvió para airearnos, renovarnos y recuperar el equilibrio. Por fin pude llegar a tierra...

8 comentarios:

  1. Lo que dices, cuando se alcanza ese nivel de toxicidad no hay otra salida: renovar el aire para que se vayan los malos humos. Al menos intuyo que luego todo volvió a su ser y ese camino de dolor mereció la pena.
    Un abrazo.

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    1. ¡Exacto! Es tal y como lo has expresado, Gerardo. ¿Sabes que me ha llegado hoy tu libro. Me ha hecho una ilusión tremenda y te lo agradezco muchísimo. Tu relato tiene una pinta estupenda. ¡Un besazo!

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  2. A veces la ruptura es necesaria. Duele, es quitarle al cerebro bruscamente la dosis de emociones placenteras; es como si nos arrancaran un brazo de golpe. Pero quizá sirva para limpiar, tranquilizar, encontrar el sosiego. Con el tiempo.
    Un beso, D.P.

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    1. ¡Hola Ángeles! Sí, totalmente de acuerdo; la ruptura era muy necesaria en este caso y precisamente sirvió para todo lo que señalas. ¡Muchos besos!

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  3. Hay momentos en una vida conjunta en que todo se puede volver mierda, y, si eso pasa, celebro tu cabeza fría, a pesar de todo, es bueno hablarlo con granqueza y tomar distancia. Es duro, deprimente y todo lo que quieras, pero también es sano.

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    1. ¡Hola Juli! Sí, efectivamente, "sano" es la palabra precisa. Fue una decisión difícil, porque no nos habíamos dejado de querer, pero, aunque parezca mentira, a veces hay razones más poderosas para romper una relación. ¡Un besazo!

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  4. Algunas situaciones solo se resuelven cuando les das espacio y perspectiva.
    Me alegra que ese paréntesis sirviera para solucionar las cosas y recuperar la harmonía y la tranquilidad.

    ¡Un fuerte abrazo!

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    1. ¡Hola Hiro! Exacto; parece un topicazo, pero lo de que los árboles no te dejan ver el bosque es una verdad como un templo. ¡Otro abrazo para ti!

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