jueves, 10 de agosto de 2017

DEL MITO AL CHASCO


Hay varios relatos míticos de cómo los niños vienen al mundo. Que si la cigüeña, que si crecen dentro del estómago después de que te tragues un hueso de aceituna, que si surgen cual setas de debajo de una col (este es el que más me gusta; de hecho tengo el convencimiento de que yo vine al mundo de esta forma; de ahí mi afición por los vegetales)… Parece todo tan fácil y tan idílico en ellos… Una mierda pinchá en un palo. Tener hijos es lo más difícil del mundo. Cuando me enteré de las probabilidades de concebir mi sorpresa fue enorme; ¡sólo un 25% a partir de los 30 años! ¿En serio? Me pareció de coña. Y si a eso le sumas el hecho de que no es fácil identificar los días en los que es más propicia la concepción, la cosa está jodida. 

P. y yo lo llevamos intentando tres años y no ha habido manera. Al principio, no había forma de que se diera el embarazo. Y luego, cuando sí lo hubo, no salió adelante. Una de las peores cosas que me han pasado en la vida ha sido vivir el aborto de mi hijo. Fue absolutamente desgarrador. El aborto se produjo a las 9 semanas, después de que ya hubiéramos escuchado el latido y hubiéramos visto su forma de cacahuete. Cuando escuché su corazón, me puse a llorar. Fue algo espontáneo, no pude evitarlo ni quise evitarlo; me desbordé completamente. Y, luego, cuando nos dijeron que no salía adelante, que su corazón se había parado, no lloré. Me inundé. Desde entonces, no he podido parar de inundarme, aunque hay días en los que no hay lágrimas; simplemente un flujo silencioso de tristeza. 

Después de aquello, nos costó volver a intentarlo, pero, aun así, lo hicimos. Y volvió a salir mal; no tanto como la vez anterior, pero mal al fin y al cabo. Tuvimos un bioquímico. Para los que no sepáis lo que es, se trata de un aborto pasadas unas dos semanas desde la fecundación, donde al zigoto casi ni le da tiempo a convertirse en embrión. El caso es que sí consigue implantarse en el útero, pero a los pocos días deja de estar en él. Fue un palo bastante grande y nos desanimamos muchísimo, sobre todo porque pensábamos que nunca lo conseguiríamos. Y esta sensación se incrementó notablemente cuando tuvimos el tercer aborto, también bioquímico. 

Era de coña, algo parecido a estar en una pesadilla interminable de la que no sabes cómo despertar. Se nos quitaron las ganas de vivir. Y es que es una situación desesperante, porque no sabes lo que pasa y no puedes controlar nada en absoluto, ya que casi nada depende de ti. Los médicos te dicen que es normal, que los abortos son de lo más cotidiano, que tengamos paciencia porque lo más seguro es que llegue en el próximo intento. Pero a mí eso me parece retórica de mierda. Por lo menos, ahora nos están haciendo pruebas para descartar que haya algún problema real y no mera mala suerte. Pero que tengas que pasar por tres abortos para que te empiecen a hacer algo de caso, no me parece ni medio normal. 

No sé cómo saldrá todo finalmente; quizá descubran algo en las pruebas o, por el contrario, no haya nada destacable y nos digan que es cuestión de seguir intentándolo. Yo sólo sé que estoy casi sin fuerzas y P., ni te cuento.

6 comentarios:

  1. Ánimo, en la medida de lo posible :o)

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    1. ¡Muchísimas gracias, Hugo! Te mando un besazo enorme.

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  2. Siento mucho que hayas tenido que pasar por todo esto...
    ¡Muchos ánimos chicas!! Y un abrazo enorme!!!

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    1. ¡Muchas gracias, Hiro! Otro abrazo enorme para ti.

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  3. Son procesos difíciles a veces porque entran en juego muchas variables. Y una de ellas es el estado de ánimo. Así que... ya sabes qué.
    Doble abrazada!!!

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    1. ¡Hola Dintel! Lo tengo en cuenta, ¡muchas gracias por tu comentario! ¡Besos!

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