jueves, 24 de agosto de 2017

LA CONFIANZA DA ASCO


Hay algo en mi vida que me avergüenza profundamente; es una mácula con la que tengo que lidiar y que aún no he conseguido borrar del todo. Cuando era más joven (digamos que a los dieci pocos), tenía clarísimo que a mí jamás me pasaría lo que, supuestamente, decía todo el mundo que ocurría inevitablemente en la relación con los demás: que cuanto más conoces a alguien y más confianza tienes con él o con ella, más te permites el lujo de faltarle al respeto, vamos que, como reza el título de esta entrada, la confianza empieza a dar un ascazo del copón. 

Pues bien, yo siempre juré y perjuré que a mí no me pasaría eso. Me parecía inconcebible que pudiera empezar a tratar con menos respeto del debido a alguien a quien quisiera. ¿Por qué iba a hacerlo si era un ser querido? ¡No tenía ninguna lógica! De hecho, me parecía más coherente que mi trato no fuera tan amable o tan correcto con personas por las que no sentía ningún afecto. Pero, ¿por mis seres queridos? IMPOSIBLE. Hasta que comencé a vivir en pareja y me tuve que comer mis palabras una a una.

En un principio, el respeto por mi pareja, P., era exquisito y no había nadie en el mundo al que tratara de forma más cuidadosa. Nos respetábamos profundamente tanto en lo cotidiano como en lo que se escapaba de lo habitual y no había ninguna salida de tono ni nada por el estilo. Pero, con el paso del tiempo, y diría que con el roce de la convivencia, empezaron a surgir los primeros desdenes. 

Me acuerdo perfectamente del primero de ellos. Un mueble del Ikea para nuestra casa recién alquilada fue el que desató el asco de la confianza. Lo recuerdo como si hubiera sido ayer mismo; se trataba de un zapatero súper chuli que habíamos comprado para la entrada. Nuestros primeros muebles, nuestra primera casa… Ideal… En teoría, claro, porque en la práctica, una mierda pinchada en un palo. Y es que los muebles del Ikea son tremendos y sospecho que habrán sido los responsables de más de una ruptura. 

Lo cierto es que el montaje de un mueble del Ikea no es especialmente engorroso; de hecho, dependiendo del mueble, suele ser bastante fácil y accesible sin tener ningún conocimiento en absoluto de ebanistería, ni ninguna destreza en especial. Lo que es súper difícil es ponerse de acuerdo para montarlo. O, más bien, dejar de controlarlo todo para que las cosas salgan como tú quieres. Ese es el problema; el control. Tú tienes una idea clarísima de cómo hay que montar el mueble y resulta que al otro le pasa exactamente lo mismo, pero esas ideas no coinciden para nada; en este caso, P. iba a un ritmo y con un esquema previo muy diferente al mío.

La cosa no comenzó mal del todo; sacamos los bártulos, los ordenamos más o menos y nos pusimos a seguir el folleto explicativo. Todo empezó con el atornillado. ¡Diooooossss! Consejo útil si nunca habéis atornillado de forma masiva: comprad un atornillador eléctrico, porque si no, vuestra relación se destruirá, al igual que vuestros músculos. Comienza con un ligero dolor de muñeca y piensas: “Bua, no pasa nada, esto lo aguanto yo sin problema”. A los pocos minutos ya empiezas a notar las punzadas en el músculo… y ahora piensas: “¡Vaya!, esto es más jodido de lo que creía”. Pero sigues y sigues; y, claro, en estas condiciones, la mitad de los tornillos te han quedado torcidos y poco firmes y las piezas que se suponen casan gracias a ellos parecen un despropósito. Y, mientras, tu pareja te dice que así no, que tienes que desatornillarlos y volverlos a apretar todos bien. What! Fuking mierda… “Pues a ti tampoco es que te hayan quedado estupendos; a lo mejor si pones así esto y luego lo otro más acá…”. “Ya, pero si tú dejas de pisar esa pieza lo mismo puedo poner yo esto aquí…”. “Bueno, vale, cuando tú me des esa otra a lo mejor puedo dejar esta para que la pongas”. Y así un sinfín de pullitas que poco a poco van convirtiéndose en reproches y al final acaban siendo casi faltas de respeto. 

Asco, asco puro, que se repite una y otra vez hasta que, por fin, se termina la tortura. El mueble está montado. Y, ¡vaya!, contra todo pronóstico, no ha quedado nada mal. Eso sí, la relación ya está dañada y hay que restablecer el amor previo que ha sido mancillado. Y se hace con mucho gusto y con urgencia, porque permanecer en estado de hostilidad es desagradable y no deseado. Sin embargo, a pesar de que se restablezca, se ha abierto un vórtice antes no existente que ya no se cerrará jamás. Unas veces será más grande, otras será más pequeño, pero ya nunca desaparecerá y, como te descuides, te puede llegar a absorber por completo. Es el asco de la confianza; la gran mácula que me perseguirá hasta el día en que me muera (permitidme la exageración).

19 comentarios:

  1. Je, je... con la familia suele pasar lo mismo. Se ve que cuando la pareja empieza a formar parte de lo que consideramos nuestra familia comienza a formar parte también de lo malo que tiene entrar en ese grupo tan selecto. Mi padre y yo, por ejemplo, no podemos hacer ya nada juntos, je... Nada, en serio, ni hablar por teléfono. Es como si se hubiera quedado en la edad del pavo, pero siendo tu padre, lo cual lo hace todo más complicado. Es la única persona que conozco que cuando no estás de acuerdo con ella inmediatamente te cuelga, se va dando un portazo o arranca el coche como si fuera el fin del mundo. Pero al hacernos grandes mi hermano y yo parece que ha aminorado su cólera. Antes gritaba, insultaba o directamente pegaba, según las circunstancias. Y sé que es un tópico pero en este caso la culpa es fundamentalmente suya. Su necesidad de controlar las cosas y a las personas es antológica. Basta con conocer a mi abuelo para saber el porqué de su personalidad :P

    Todos somos un poco egocéntricos, pero hay personas que, llevadas probablemente por el miedo a volver a sufrir daño, se pasan de la raya, se ponen a la ofensiva y tratan a los demás como meros apéndices de sus propios egos, lo cual es contraproducente porque logran precisamente aquello que no querían: daño y enemistad hacia uno mismo. Se convierten así en telépatas frustrados, je... Se suele decir que eso es debido a una falta de reconocimiento en la infancia de su propia individualidad y autonomía. Es probable. Personas usadas en la infancia tenderán a usar en la etapa adulta. La cultura del autoritarismo en la que vivimos es lo que tiene.

    Y ya termino con la chapa. Un placer leerte :o)

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  2. ¡Hola Hugo! De chapa, nada. Me encanta tu análisis y me parece muy acertado, especialmente el segundo párrafo. Al leerlo, me han venido a la cabeza de forma automática varios ejemplos de personas que encajan perfectamente con ese perfil psicológico. Mi suegra, sin ir más lejos. Siento que tu padre también se encuentre dentro de este grupo. Bufff, no creo que haya sido fácil en absoluto la convivencia con él.

    A mí, lo que me da más rabia, es haber incluido a mi pareja en lo que tú llamas "grupo tan selecto". Siempre he repudiado ciertos comportamientos que han tenido mis padres y, a veces, compruebo con horror que yo estoy demasiado cerca de ellos. Es escalofriante... Pero siempre cabe la posibilidad de ser consciente de esa repetición casi automática, y cambiar el modo de actuar. No acomodarse a lo que a veces nos sale "natural" y analizarlo es para mí una de las claves.

    ¡Muchos besos!

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  3. Jeje, una vez escuché algo así como que "dos no riñen si uno no va al Ikea" y sí, el atornillador eléctrico reduce la posibilidad de pelea, porque elimina el dolor físico y la frustración, que al final suele ser el motivo profundo de muchas disputas: se te pone mala leche y lo pagas con el que tienes más confianza. En fin, la convivencia tiene estas cosas: nadie es perfecto. Supongo que el único antídoto es la paciencia.

    Aprovecho para agradecerte la postal, que recibí ayer. Fue emocionante, de verdad, la guardaré como oro en paño.

    Un abrazo.

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    1. ¡Hola Gerardo! Jajaja, me parto con la frase, qué gran verdad. En el colegio debería existir una asignatura obligatoria en todos los cursos cuyo curriculum se centrara en cómo superar la frustración de forma positiva. Se podría llamar "El otro no tiene por qué comerse tu mierda". Me alegro de que te haya llegado la postal; soy yo quien te tiene que agradecer el detalle del libro. ¡Un besazo!

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  4. Yo, después de 6 mudanzas por fin me compré el destornillador eléctrico jaja

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    1. ¡Nosu! ¿Seis mudanzas y aún estás viva? Te acabas de convertir en mi nueva heroína. ¡Y sin destornillador eléctrico! ¿Cuál es tu secreto? ¿Seguro que no eres la de la foto? ¡Un besazo!

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  5. Que la confianza da asco es un hecho que se corrobora a través de la convivencia. Y vaya, a mí no se me ha dado al montar un mueble de Ikea, pero sí en otras situaciones... De todas formas, creo que este tipo de pullitas son producto del enfado y la frustración del momento, por lo que son casi inevitables. Obviamente, si las faltas de respeto se convierten en insultos y ofensas graves, pues hay que atajar el problema de inmediato.
    Ains, a veces vivir en pareja es toda una odisea.
    Un abrazote, desbordamientos.

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    1. ¡Hola Sofía! Afortunadamente, nunca he llegado a los insultos ni a las ofensas graves, y si me ocurriera algún día, creo que tendría que plantearme muy seriamente el tipo de persona en la que me he convertido. Aun así, me da mucha rabia no poder gestionar de una mejor forma la frustración en algunas situaciones cotidianas, y me encantaría que esas pullitas a las que te refieres sí pudieran ser evitables. ¡Un besazo!

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  6. No he vivido nunca en pareja y todos los muebles de IKEA me los he montado siempre yo solo, pero tengo muy claro que la distancia genera respeto, mientras la confianza hace que rompamos esa barrera. Es ciertamente contradictorio, pero cuanto más cerca, más opción de conflicto se abre. La comunicación es la clave de todo

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    1. ¡Hola dEsoRdeN! Siempre me he preguntado por qué ocurre esto, es decir, por qué la confianza puede llevarnos a la falta de respeto, y creo que lo que has señalado ("cuanto más cerca, más opción de conflicto se abre") es una verdad como un templo. Casi se convierte en una cuestión de probabilidades. Aún así, me jode extremadamente caer en eso. Me quedo con lo de que la comunicación es la clave de todo. Mil gracias por tus palabras.

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  7. Con mi única novia formal montamos algún que otro mueble, pero no nos peleamos. De hecho, la mesita de noche siempre estuvo mal montada, durante todos aquellos años. Lo recuerdo como algo bonito. Salud. Un abrazo.

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    1. ¡Hola Paola! Me ha conmovido la imagen de la mesita mal montada, me parece de una ternura desbordante. No me extraña que lo recuerdes como algo bonito. A mí me ocurre que el ansia de perfección, a veces, me destruye. Hay algo en mí que, algunas veces, no soporta que las cosas salgan de otra forma a como mi inconsciente ha planeado oscuramente que salgan. Y luego yo me quedo con cara de: "¿Qué ha pasado aquí? ¿Por qué me he convertido en algo que odio?" En fin, salud para ti también y un besazo enorme.

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  8. La convivencia desgasta, eso es así. Los roces pueden deberse al montaje de muebles o por detentar el poder del mando a distancia de la tele. Con los muebles, yo me lo paso bien montándolos con mi pareja. Ella es una mujer de acción (con destornillador eléctrico) y yo leo las instrucciones para saber qué pieza va en cada lugar. Si hay algún roce es entre mi pareja y su padre (Que no veas como discuten) Yo hago mutis por el foro. Jaaajaja.

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    1. ¡Hola Juli! ¡Qué alegría leerte! Veo que tu pareja y tú os complementáis en el montaje de muebles a la perfección. Mira, es una clave ideal: que una se dedique a atornillar, y la otra a guiar con las instrucciones. Un gran equipo. Tomo nota. ¡Miles de besos!

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  9. Hay otro refrán que va por esos derroteros, dice: "cuanto más conozco a la gente más me gusta mi perro", pues eso.

    Saludos

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    1. ¡Hola Emilio Manuel! Jajaja, buenísimo. Hace tiempo, recuerdo discutir con una amiga sobre a quién salvarías si tuvieras que elegir entre tu perro y una mala persona. Ella lo tenía clarísimo: salvaría a su perro. Pero yo, en aquellos momentos, no pensaba así, creía que un ser humano, por perverso que fuera, merecía más la pena que cualquier animal. En la actualidad mi pensamiento ha cambiado bastante a este respecto y soy más afín al contenido del refrán que señalas. ¡Un fuerte abrazo y muchas gracias por tu comentario!

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  10. Más de una vez he presenciado una discusión de pareja en el Ikea. Por suerte a mi novia le encanta montar muebles, así que cuando hemos comprado alguno le he dejado la "fantástica" tarea de hacerlo jaja (si me necesita la ayudo, pero siempre bajo sus ordenes XD).

    Nosotras procuramos no faltarnos al respeto pero la convivencia, si no se gestiona bien, desgasta las relaciones.

    ¡Un fuerte abrazo!

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    1. ¡Hola Hiro! Para mi gusto, el Ikea está concebido por fuerzas malignas. A mí sólo con entrar en ese recorrido laberíntico por el que inevitablemente te obligan a pasar, ya me pone de los nervios. Es genial que tu novia sea la que monte los muebles. El caso es que a mí me encanta montarlos con P. y normalmente lo hacemos en amor y sintonía, pero no fue el caso del zapatero. ¡Un besazo!

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