domingo, 3 de septiembre de 2017

REGRESO AL PASADO


Durante gran parte de mi vida, he tenido la fantasía de dar marcha atrás en el tiempo para poder vivir otra vez el pasado y así cambiar a mi gusto todo lo que considero que debería haber hecho de otra forma. Me torturan los fallos que he cometido y todos esos deslices que ya no tienen solución, y la idea de volver para arreglarlos me genera una satisfacción brutal. Sé de sobra que esto no sería posible, no sólo porque los viajes en el tiempo son (de momento) pura ciencia ficción, sino porque, en el hipotético caso de que pudiera regresar al pasado, el mínimo cambio que hiciera en él, provocaría una serie de causas y efectos que modificaría todo, de tal forma que ya no sería como lo viví la primera vez. Así que, sólo podría hacer un único cambio; lo demás sería distinto (cuantísimo le debo a Regreso al futuro). 

Hay también otra interpretación de estos viajes imposibles. Muchos sostienen que, si volviéramos a vivir nuestras vidas, cometeríamos exactamente los mismos errores, porque es imposible librarse del flujo causal ya existente. Aquí entra en juego la idea del determinismo físico, que vendría a decir precisamente que todo lo que ocurre está determinado por la sucesión de causas necesariamente ya dadas y no podría haber ocurrido de otra forma. Esta tesis resulta bastante polémica porque si la aceptamos, estamos negando que la voluntad tenga ningún poder para decidir absolutamente nada.

Hay un fragmento de Schopenhauer, recogido en su obra "Sobre la libertad de la voluntad", que me encanta a este respecto: 

Imaginemos un hombre en la calle que se dice a sí mismo: “Son las seis de la tarde; he terminado el trabajo; puedo dar un paseo; puedo ir al club; puedo subir a la torre para ver la puesta de sol; puedo ir al teatro; o visitar a este o a aquel amigo; puedo ir campo adelante y no volver; puedo hacer todo esto, con plena libertad; sin embargo, no hago nada de eso, sino que voy a casa con mi mujer, porque quiero”. Es como si el agua dijera: “Puedo formar olas inmensas (¡ya lo creo!, el mar embravecido); puedo deslizarme rápidamente (en el lecho del torrente); o puedo precipitarme llena de espuma (en la cascada); saltar libre en el aire (en la fuente); puedo hervir y desaparecer (a cien grados); pero, finalmente, prefiero permanecer tranquila y clara en este riachuelo”. Del mismo modo que el agua puede hacer estas cosas sólo cuando concurren las causas determinantes de cada una de ellas, así, el hombre de antes no puede hacer nada de lo que se ha propuesto, si no concurren las causas correspondientes. Le resulta imposible hacer nada si no se le presentan las causas; pero tendrá que hacerlo cuando se encuentre en las circunstancias correspondientes, como le ocurre al agua.

(…) De esta forma, desear que un suceso cualquiera no hubiese ocurrido es un necio auto-tormento; pues significa desear algo absolutamente imposible, y es tan irracional como el deseo de que el sol saliera por el oeste. Ya que todo lo que acontece, tanto grande como pequeño, ocurre de forma estrictamente necesaria, es absolutamente vano meditar sobre los insignificantes y casuales que eran las causas que han producido aquel suceso, y con qué facilidad podrían haber podido ser de otra manera, pues eso es ilusorio —en la medida en que todas se han producido con la misma necesidad estricta y han actuado con el mismo poder perfecto que aquellas a consecuencias de las cuales el sol sale por el este. Debemos más bien considerar los acontecimientos, tal y como se producen, con los mismos ojos con los que consideramos la letra impresa que leemos, sabiendo muy bien que estaba ya allí antes de que la leyésemos.

En el ejemplo del texto, el hombre cree que está eligiendo entre un montón de posibilidades, pero, en realidad la elección no existe, sólo la ilusión de la elección. Según Schopenhauer él no podría haber hecho otra cosa porque las causas precedentes a su acción le han conducido inevitablemente a "elegir" irse a casa con su esposa. El hombre cree que su decisión es libre, pero en realidad lo que ocurre es que desconoce las causas que le han llevado a tomar dicha decisión. Por lo tanto, en ningún caso podría haber realizado otra acción (a no ser que las causas precedentes hubieran sido distintas).

Aún más, todo lo que acontece ocurre así irremediablemente y es imposible que hubiera sucedido de otra forma. Por eso no tiene ningún sentido plantearse siquiera que se podría modificar el pasado. Incluso Schopenhauer llega a decir que todo está escrito ya de antemano, es decir, que existiría un destino ya prefijado. Esto nos conduce a la interesantísima pregunta de si realmente somos libres. Un gran dilema para tratar con calma en próximas entregas. De momento, seguiré soñando con la posibilidad de enmendar mis errores, aunque debería dejarlo por inútil. En fin, de ilusión también se vive.

17 comentarios:

  1. Erróneo es todo cuanto engendra dolor inútil e innecesario.
    Acertado es cuanto lo mitiga y genera alegría (la "joie de vivre", que dicen en Francia).
    Ya, ya sé que partiendo de estas simples premisas no llegaré nunca a erigir un monumento filosófico, pero mi intención no es esa, mi intención es vivir, y sé que, a la hora de la verdad, una mano tendida o una sonrisa valen más que todos los tratados de filosofía. El afecto nunca es un error, el odio siempre. Si los errores que cometemos no sirvieran para enmendar la brújula que nos guía, la vida se tornaría ella misma error.

    Salud!

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    1. ¡Hola Loam! Puede que sea una premisa simple, pero no por eso simplista. Me parece, de hecho, muy acertada; es más, la experiencia suele corroborarla en casi todos los casos. Lo que más me ha impresionado de tu comentario es la frase final: "Si los errores que cometemos no sirvieran para enmendar la brújula que nos guía, la vida se tronaría ella misma error". Bufff, creo que lo has bordado, pues resulta máximamente inspiradora. ¡Un fuerte abrazo!

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  2. Elijas lo que elijas, siempre te quedará la incertidumbre de qué hubiera pasado si hubieras elegido otra variable. Aunque esté condicionada tu elección, has de elegirla.

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    1. ¡Hola Juli! Desde luego, a no ser que tengas súper claro lo que quieres y sea, además, lo que realmente deseas, siempre habrá un rastro de inevitable incertidumbre. Lo curioso es que a los seres humanos no nos queda más remedio que estar eligiendo continuamente. La cuestión es, ¿están nuestras decisiones solamente condicionadas o están desde el principio determinadas? He ahí el dilema. ¡Un fuerte abrazo!

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  3. ¿Que si somos libres?, ya te digo la respuesta, NO, si quieres serlo, crea tu mundo fuera del mundo y vive como quieras, aunque me parece que eso es imposible.

    En cuanto a volver atrás, ¿para qué?, podemos cargarla por segunda vez al tratar de mejorar aquello que hicimos mal, mejor es soportar como un estoico nuestro errores que son los que nos hacen ser lo que somos.

    Saludos


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    1. ¡Hola Emilio Manuel! Tienes razón: nuestros errores nos hacen ser lo que somos, así que es mejor asumirlos para aceptarnos tal y como somos. Lo que pasa es que a veces no me gusta como soy y fantaseo con la idea de poder cambiar mis acciones pasadas. Pero, vamos, que entiendo lo inútil que es hacer esto. ¡Un fuerte abrazo!

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  4. Quizá se pudiera creer en que los acontecimientos ocurren por una suma de sucesiones causales (influidos por causas necesarias, que no pueden ser de otro modo) y azar. En la vida de los individuos el azar y las decisiones espontáneas tienen mucha influencia. Pude haber elegido la opción A, pero decidí B en ese instante, fruto de un azar o de un impulso; el día anterior o posterior, o al cabo de una semana pude decantarme por A sin ningún motivo definido que me llevara a esa decisión.
    No creo que exista el destino ni que se pueda nunca regresar al pasado o ir al futuro. Para mí el tiempo es el deterioro de la materia (fruto de la oxidación) y las vueltas que da la Tierra alrededor del Sol y de sí misma. Para regresar el pasado habría que desandar las vueltas dadas y me temo que eso es imposible.
    Interesante reflexión, D. P.
    Un abrazo.
    (Eliminé los comentarios por errores, para que no te quede feo tú puedes eliminar su rastro).

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    1. ¡Hola Ángeles! Yo tampoco creo que exista un destino prefijado, pero confieso que la teoría del determinismo físico me atrae poderosamente. Supongo que porque, en realidad, no propone una idea de destino como algo sobrenatural, sino como una sucesión de causas y efectos materiales. El azar, en este caso, no existiría; sería sólo una sucesión subjetiva del ser humano ante el desconocimiento de las causas de su elección. ¡Un fuerte abrazo!

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  5. Qué interesante el tema que nos traes, Desbordamientos. Es algo sobre lo que siempre he tenido una opinión como la de Schopenhauer, pues creo (casi) firmemente que todas las causas y efectos de nuestra vida están, de algún modo, escritas. Para algunas personas es perturbador e incluso inaceptable este hecho, pero yo lo asumo con cierta naturalidad. Supongo que nuestro destino está marcado de antemano y que, aunque podamos jugar nuestras cartas, él ya ha decidido por nosotros.
    Así que, aunque yo también soy de esas personas que se lamenta por muchas decisiones y comportamientos del pasado, creo que lo mejor que podemos hacer es dejar marchar el arrepentimiento y seguir adelante, porque, después de todo, volver al pasado nos llevaría al final a cometer los mismos errores.
    Un abrazo!

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    1. ¡Hola Sofía! Creo que tienes toda la razón del mundo al señalar que es mejor dejar marchar el arrepentimiento y seguir adelante. A mí me cuesta un poco, porque me da mucha rabia no haber sido capaz de ser mejor en el pasado con algunas cosas (puro afán de perfeccionismo), pero bueno, me parece que lo más sano es asumir los errores e intentar ser de la mejor forma posible en ese flujo causal en el que estamos inmersos. ¡Un fuerte abrazo!

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  6. Yo suelo atormentarme por mis decisiones del pasado. Supongo que también forma parte de la condición humana querer corregir lo que parecen errores. Hay una película, que no es Refreso al futuro, que habla de eso mismo de volver al pasado para corregir una única acción, se titula Safety not guaranteed (Seguridad no garantizada), si no la has visto, te encantará. Y claro, El efecto Mariposa (2004), es un peliculón que habla del tema, también. A mí, en cierto modo, me gusta pensar que está todo escrito. Me libera de cierta responsabilidad... :P

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    1. ¡Hola Paola! Efectivamente, me ha encantado la peli de Safey not guaranteed. La de El efecto mariposa, también me gustó bastante en su día. El tema de la libertad y la responsabilidad es de lo más sugerente, y debo confesarte que a mí también me parece muy atractiva la idea de que todo está escrito, porque así nos liberamos de cierta responsabilidad. En mi caso, siempre he sido tan perfeccionista que cualquier mínimo error, ya me torturaba; por eso, pensar que las cosas no dependen de mí, me da cierta paz. ¡Un fuerte abrazo!

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  7. Muy interesante el tema D.P: como acostumbras.

    A mi me gusta pensar que la vida es fruto de nuestras elecciones. Justo Paola decía que la libera de cierta responsabilidad y en cambio a mi me atrae eso.
    No me gusta pensar que todo está decidido, que haga lo que haga no se podrá cambiar porque está prefijado por un destino, por el azar o por lo que sea, yo prefiero pensar que hay opciones, que elegir es mi responsabilidad y elegir bien y de acuerdo a aquello que me haga más feliz porque la vida solo es una y es mi responsabilidad disfrutarla.

    Tenia una profesora del máster que siempre decía que tener opciones era el néctar de los dioses, a pesar de la exageración de la afirmación sí que creo que elegir te hace libre. Es verdad que al elegir descartas opciones y te puede crear dudas por las opciones que descartas pero para mi es muy bueno poder elegir, te hace libre y no dependiendo de un destino o de algo que decide por ti.

    Saludos

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    1. ¡Hola Conxita! ¡Qué gusto leerte de nuevo! Pues sí, tal y como lo formulas, resulta bastante sugerente el hecho de que eligir te hace más pleno, porque te libra de la dependencia de un destino o lo que sea que decida por ti. Me ha gustado mucho tu forma de interpretar la libertad y el concepto de responsabilidad en torno a vivir la vida que se quiere vivir responsabilizándote de tus decisiones, para ser lo más feliz posible. ¡Qué buena aportación! Muchas gracias por tu comentario y un fortísimo abrazo.

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  8. ¿Y si dirigiéramos nuestros esfuerzos a aprehender lo posible desde lo que consideramos imposible?... (digo yo...)...

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    1. ¡Hola de nuevo, Loam! ¿Con aprehender lo posible desde lo que consideramos imposible, te refieres a superar esas barreras mentales que a veces nos ponemos, de tal forma que nos liberemos de "tumores mentales" que nos impiden avanzar y ser mejores? Si es esto, no puedo estar en desacuerdo. Y admiro, de hecho, tu recomendación. ¡Miles de besos!

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    2. A eso exactamente me refiero. Y, con tu permiso, dejo aquí una cita sobre Gilles Deleuze relacionada con la liberación de esos "tumores mentales" a los que aludes.

      "Para Gilles Deleuze, la alegría es un elemento contrapuesto al poder. “La alegría y las pasiones tristes no deben verse de un modo superficial: la primera, por ejemplo, se ve como el acto de colmar una potencia, lograr algo que no resultaba ni imposible ni posible, como se suele decir, sino sencillamente impensable. El segundo concepto (pasiones tristes) está ligado a la explotación del hombre por el hombre, resultado de la ignorancia; en otras palabras: en tanto hay ignorancia hay explotación del hombre por el hombre, culpabilidad, mala conciencia, etc.” “No hay potencia mala”, dice Deleuze: "El tifón es una potencia que debe regocijarse en su “alma”, pero no se regocija en la destrucción de las casas...", agrega. Y con estas aseveraciones ve el mal y las tristes pasiones que de él se derivan como la forma más baja de la potencia: el poder. En la figura del sacerdote, Deleuze observa la invención de un concepto extraordinario, el del pecado original, el de la culpa, que el sacerdote administra impidiendo a los seres humanos cumplir su potencia, es decir, impidiéndoles ser lo que pueden llegar a ser. En palabras del mismo Deleuze: "El sacerdote inventa la idea de que los hombres están en un estado de deuda infinita..." Esa deuda infinita, implica la puesta en práctica de una suerte de colonización de las potencias individuales. Tal es la importancia de este concepto que Deleuze refiere una redefinición de la figura del sacerdote en Michel Foucault, con su noción de Poder pastoral. Para Deleuze, el sacerdote, el gobernante y el propietario son tres figuras que someten a los seres humanos al más terrible de los castigos posibles: impedirles que lleguen a ser aquello que pueden llegar a ser. Es decir, son enemigos de toda realización auténticamente humana."

      http://es.wikipedia.org/wiki/El_Abecedario_de_Gilles_Deleuze

      Besos y abrazos 'a cascoporro', que dicen en Cuenca.

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